CAMPEONES


Amor Muñiz, la plusmarquista asturiana en salto de altura, es una atleta polivalente, campeona de España en disco y con medallas en peso

Amor Muñiz, en el descanso de uno de sus entrenamientos en el Palacio de los Deportes de Oviedo.


 

 

 

 

 

 

 




Oviedo, J. I. CASTAÑÓN

El pasado día 17 de enero, mientras buena parte de los espectadores y atletas había abandonado las instalaciones del Palacio de los Deportes de Oviedo, sede del Regional por clubes, una joven atleta de 19 años del Esnova Gijón batía el récord de Asturias de altura. Los 1,64 metros le daban a Amor Muñiz Fernández el trono regional de altura en sala, desposeyendo del título por un centímetro a la anterior plusmarquista, Ana Laura Tristán.

Sin embargo, si algo distingue a la nueva «recordwoman» asturiana es su probada polivalencia. Amor es más que una saltadora de altura. La temporada pasada se proclamó campeona de España junior de pista al aire libre de disco, y medallista de bronce al aire libre y de pista cubierta en peso. En categorías menores también conoce el podio, en unas escolares en altura.

Pero los primeros pinitos deportivos de Amor Muñiz no fueron en atletismo, sino en fútbol. «Cuando tenía 9 años mi familia se trasladó de Madrid a Gijón, aunque yo nací en León. En Asturias me apunté a un equipo y jugué al fútbol hasta que, un día, un entrenador del Gijón Galende, que ya falleció, me vio durante un partido y me comentó que corría mucho. Luego me preguntó por qué no me animaba a practicar atletismo», recuerda Amor. La plusmarquista asturiana acertó con su nuevo deporte, pero no se decantó por las carreras, sino por los saltos. «Hice longitud y altura», cuenta, hasta que conoció el mundo de los lanzamientos: peso, jabalina y disco.

Con una atleta tan polivalente como es Amor Muñiz parece obvio que se la catalogue como una potencial atleta de heptatlón: «No me veo como atleta de combinadas porque se necesita tener velocidad, y yo no soy suficientemente rápida. En este tipo de competiciones se puntúa mucho por las carreras y lo que ganaría por mis buenos lanzamientos lo perdería por la falta de velocidad», matiza Amor Muñiz, quien, actualmente, estudia Formación Profesional por la rama de Electrónica en el Instituto Fernández Vallín. «Por la mañana voy a clases y por la tarde me entreno. Mis preparadores son Javier de la Fuente en saltos y Ovies en lanzamientos», explica la atleta del Esnova, quien destaca del disco y la jabalina que son sus «pruebas preferidas. Para lanzar es necesario ser ágil y fuerte. Sin embargo, para ser una buena saltadora de altura es necesario ser muy delgada y tener bote, mientras que el triplista debe ser ágil, fibroso y tener tobillo», explica Amor Muñiz, quien añade el hecho de que, en peso, «se trabaja la explosividad y es una prueba de fuerza».

Su biotipo no es el clásico de una lanzadora ni de una saltadora, pero ella tiene una peculiar explicación: «Pienso que me cambió el metabolismo a raíz de un accidente de coche que tuve en el verano de 1999. Venía de vacaciones y estaba en un semáforo cuando un coche chocó contra otro y este último me atropelló. Debido a las lesiones que me causó tuve que estar seis meses parada, lo que motivó que engordase». Y sabido es que una saltadora de altura está reñida con la báscula, lo que precipitó que la atleta gijonesa se decantase por los lanzamientos y aparcase la altura. Las marcas más sonadas de Amor Muñiz son 44,24 metros en disco, 39,99 metros en jabalina, 13 metros en peso, 11,89 metros en triple -modalidad que practica con éxito en las ligas nacionales- y 1,64 metros en altura.

Sus ídolos son cercanos. Uno entrena en su ciudad natal y es canario: Mario Pestano. «Habitualmente, el estereotipo del lanzador no tiene el cuerpo de Mario Pestano, y por eso me gusta». La segunda es asturiana y no es otra que Martina de la Puente, «alguien en quien me fijo tanto a nivel personal como deportivo».

Esta temporada, pese a su éxito en la pista cubierta, está enfocada al aire libre.

«Mis pruebas fuertes son el disco y la jabalina. A ver qué hago en mi primer año de promesa», confiesa la atleta, que tiene tiempo de echar una mano a su equipo en las ligas hasta la prueba de triple, en la que, por cierto, se anotó la victoria y logró la mínima nacional. Todo un seguro de vida.