
Ana Amelia Menéndez, en el Palacio de los Deportes, ejerciendo
de responsable de prensa de la Federación Asturiana.
Oviedo, Mario D. BRAÑA
Por edad y condiciones físicas, Ana Amelia Menéndez podría haberse pasado este fin de semana compitiendo en el Mundial de atletismo de pista cubierta de Budapest. Pero hace casi tres años dijo basta, agobiada por unas perspectivas que la dejaban sin respaldo alguno cuando las piernas empezasen a flaquear. Por eso, en mayo de 2001 decidió pasar página y reincorporarse al mercado laboral, más de diez años después de sus primeras prácticas tras acabar Enfermería. Ahora, pese a ser también diplomada en Fisioterapia, pasa las mismas dificultades que cualquiera para acceder al mercado laboral. Y colabora con la Federación Asturiana de Atletismo como jefa de prensa en grandes competiciones.
-¿Cuántas veces ha estado a punto de volver al atletismo?
-No me cree casi nadie, pero no he tenido ningún arrebato. La gente que practica el atletismo por afición sí puede tener mono. Pero los que vivimos de eso, sabemos lo que se cuece y pasamos muchas horas ahí, no queremos saber nada.
-¿Tan saturada acabó?
-El atletismo no es un buen negocio cuando llega una determinada edad y tienes que plantearte qué va a ser de tu vida. Los bohemios se mueren de hambre. Todos los que hacemos deportes de este estilo somos un poco rarinos, un poco especiales. Pero llega una edad en la que aparte de pintar te gusta vender algún cuadro. Y cuando no puedes venderlo te dices: voy a pintar para mis amigos.
-¿Por eso lo dejó?
-Lo dejé porque me desencantó el atletismo y porque dejé de hacerlo con ilusión. El desencanto te llega por muchas razones. En ese momento salía de una lesión y necesitaba un par de años para volver al máximo nivel. Estaba estudiando Fisioterapia, una carrera de tres años que tardé seis en terminar.
-¿Lo peor fue la lesión?
-Las lesiones te enseñan el lado feo, que no ves cuando lo estás haciendo bien. Empiezas a hacer muchas conjeturas. Superé la lesión, pero no podía permitirme esperar dos años.
-¿Qué ha hecho desde mayo de 2001?
-Reconducir mi vida. Dedicaba todo el día al atletismo porque cuando no entrenaba o competía tenía que descansar o solucionar problemas físicos. Estás como en una burbuja. Cuando se abre y caes al mundo real, te invade una sensación de vacío. Te das cuenta de que la gente de tu edad no piensa igual que tú, que estaba acostumbrada a otros ambientes más frívolos. Eres muy dueño de lo que haces y lo haces con mucha pasión. Es lo que más echo de menos, la pasión con la que haces las cosas cuando estás luchando por un objetivo como ése. No sé si en algún trabajo se puede conseguir lo mismo.
-¿Cómo asumió el cambio?
-Pasé de competir en una pista a pasarme la noche en la planta de un hospital con 36 enfermos. No sabía cómo era ese mundo porque cuando acabé Enfermería sólo trabajé tres meses y me puse a competir. Diez años después no sabía ni lo que era un volante médico. No conocía el argot que utilizan mis compañeros. Pero necesitaba ponerme a trabajar. Tuve mucha colaboración en el hospital, muchos sabían de donde venía. Fueron muy majos.
-¿Qué fue lo más duro?
-Estaba acostumbrada a relacionarme con gente sana y tenía la impresión de que nadie sufre problemas de salud. Cuando te plantas ahí y ves esas cosas, te preguntas: qué hacía yo dando vueltas a una pista. Fue el choque lógico del primer primer momento. Pero me adapté bastante bien.
-¿Y el atletismo?
-A partir de ahí, sólo un entretenimiento. Voy bastante a correr, todos los días que puedo. Me lo pide el cuerpo y la mente. Disfruto del atletismo a ese nivel, procuro que sea parte de mi vida.
-También colabora con la Federación Asturiana.
-Han sido dos cosas puntuales. Siempre que hay algo excepcional, como un Campeonato de España, les echo una mano. Voy por la Federación de vez en cuando porque me llevo bien con el presidente, pero no me puedo comprometer porque no tengo claro el futuro. Necesitan ayuda porque no tienen medios ni tiempo. Siempre hice promoción deportiva, de una manera o de otra, y ahora intento vender el producto que tenemos.
-¿Como espectadora?
-La competición me gusta verla porque hay gente que conozco y lo vivo. Soy espectadora privilegiada porque conozco a la gente y sólo viéndoles la cara sé lo que pueden hacer. Pero no echo nada de menos.
-¿El atletismo español va bien?
-Va bien por los atletas. No hay una planificación por parte de la Federación. Venden el ADO, pero el ADO no existe. No es una planificación de cuatro años, que te ayuden con todo lo que necesites para preparar unos Juegos Olímpicos. Cobras una cantidad al año y después, si eres noveno, se olvidan de ti. Vaya plan.
-¿Hay «boom» femenino?
-Como llevamos tanto retraso, ahora parece que hay un «boom». Hay muchas mujeres con buen nivel en España, pero el mérito es únicamente de ellas.
-¿El dopaje?
-Parece que los deportistas tienen que estar continuamente demostrando
su inocencia. Y eso es injusto. Al que dé positivo se le sanciona. Nadie
puede dudar del que no da.