19.11.04 -- Marcos Peón y Alberto Valdavida, atletas del Universidad,
ex futbolistas y campeones nacionales de 3.000 obstáculos, aspiran a
la internacionalidad
Gijón, J. I. CASTAÑÓN
Marcos Peón y Alberto Valdavida comparten presente y pasado. Futbolistas reconvertidos en atletas, campeones de España de 3.000 obstáculos en 2004 y entrenados por Aquilino Castaño, el preparador del cuatrocentista David Testa, los dos inician una temporada más su preparación con la vista puesta en vestir al menos en una ocasión la camiseta de España.
«Me cansé del fútbol tras ocho años de jugar en equipos de Gijón y hace cuatro empecé con el atletismo», señala Alberto Valdavida, un gijonés de 19 años, de origen mierense y que inicia este mes de noviembre su primera temporada como atleta promesa (sub-23). «Practicaba futbito, cambié de colegio y a mi padre, que llegó a ganar la "San Silvestre" de Gijón, que organizaba el club Vanguardia, se le ocurrió apuntarme a atletismo que daba un tal Carpena (fondista gijonés que obtuvo medallas en campeonatos de España)», cuenta Marcos Peón, gijonés de 21 años que afronta esta temporada 2004-05 su último año en categoría promesa.
El cambio de un deporte de masas y de equipo a otro más minoritario e individual terminó en éxito: ambos se proclamaron campeones de España 2004 en los 3.000 metros obstáculos, aunque de un modo muy distinto. El título de Marcos en Vitoria fue el de la confirmación de un atleta que tiene en su poder un bronce en la misma prueba y un título nacional junior en 10.000 metros, mientras que el oro de Alberto en Zaragoza fue sorprendente.
«Claro que me alegré cuando gané en Vitoria, pero aquel día todos me decían que iba a ganar y yo estaba dudoso con lo que iba a pasar; vamos, que no fue el alegrón que se llevó Alberto», dice Marcos. Su compañero de entrenamientos Alberto Valdavida recuerda a la perfección la carrera de Zaragoza que le valió su primera medalla: «Hacía mucho calor, casi 40 grados, y salí guardando fuerzas. De hecho, a mitad de carrera iba octavo, luego quinto a los 2.000 metros, tercero a falta de 500 metros y en los últimos 300 metros cambié y gané».
Una carrera que define a la perfección el carácter de este atleta de 1,80 metros y 65 kilos de peso, que tiene un lema que dice que «en las competiciones se corre más con la cabeza que con las piernas». Un aserto que parece hacer bueno su entrenador Aquilino Castaño, que lo define como un atleta «más anárquico en los entrenamientos y calculador en las carreras que Peón, un corredor metódico y disciplinado que lo que consigue es a base de voluntad».
Las marcas de Alberto Valdavida tienen un margen importante de mejora: 4.02 en pista cubierta en los 1.500 metros y 9.30 en los 3.000 metros obstáculos; mientras que las de Marcos tienen mayor calibre: 30.52 en 10.000 metros, 8.55 en 3.000 obstáculos y 8.19 en lisos y con el añadido de ser en pista cubierta (la marca que él más valora).
Tanto número no asusta a Peón, un estudiante de Matemáticas que niega el carácter de ciencia exacta al atletismo: «A veces no haces en las pruebas lo que entrenas», señala el corredor del Universidad de Oviedo, que está a la búsqueda de la fórmula «para ser capaz de competir como entrenas». Peón, cuando tiene el tiempo que le roban los estudios y los entrenos, se relaja con el ordenador y con los deportes; mientras que los gustos de Alberto Valdavida, estudiante de FP en la rama de Telecomunicaciones, no difieren mucho de los de su compañero: internet, deportes y la música electrónica. ¿Cuáles son sus aspiraciones esta temporada? «De momento, hacer la temporada de cross, que nunca se me da muy bien, bajar de cuatro minutos en los 1.500 metros en pista cubierta y a ver lo que hago en la pista al aire libre, porque es mi primer año en la categoría promesa».
Por el contrario, Marcos apunta alto: «Bajar la marca que tengo en los 3.000 obstáculos e ir al Europeo, para el que piden 8.52». Un registro menor en tres segundos a la marca que Peón logró la temporada pasada en Avilés y que fue el único acto de indisciplina público del obediente Peón, que se apuntó aquel día de julio al 3.000 obstáculos «porque tenía buenas sensaciones» y en la prueba había un gran participación, como la del avilesino Carlos Suárez, un obstaculista con el que mantiene buena relación.
Si Peón tiene una buena relación con Carlos Suárez, Valdavida la tiene con José Luis Blanco, el obstaculista catalán al que le cierran el paso en la selección nacional Berlanas, Martín o Pentinel y «que me da consejos sobre cómo afrontar la prueba», cuenta el mierense. Ambos confiesan no tener ídolos y comparten admiración por El Guerrouj, aunque Peón destaca la admiración que le causaba el británico Sebastian Coe; ambos se darían con un canto en los dientes si alcanzan la marca del gallegoasturiano Elisardo de la Torre (8.20 en 3.000 obstáculos) y pueden acudir a los Juegos Olímpicos.
Alberto Valdavida agradece el paso al atletismo desde el fútbol
porque le permite relacionarse con mucha gente y agrega que «este deporte
me lo tomo como una diversión y los resultados son secundarios».
Ésta es la historia de una metamorfosis común, aunque con ciertas
diferencias.