Martina se quitó un peso de encima

De la Puente cumplió en Sidney la ilusión de su carrera deportiva


Martina se quitó un peso de encima

En Sidney 2000, el apellido De la Puente volvió a ser olímpico. Juanón, referencia del balonmano español en los 80, hizo triplete para la deportiva familia gijonesa. Su sobrina Martina, tras un intento fallido en Atlanta, le dio el relevo como lanzadora de peso. Durante años fue la mejor en España, lo que no le alcanzó para brillar internacionalmente, como ella misma asumía. Sabía dónde estaban sus límites y por eso disfrutó de sus Juegos. Como lo hace, en general, con el deporte, y en su incursión hace años en el balonmano, con el San Bernardo La Calzada (en la foto).


Oviedo, Mario D. BRAÑA
Como la mayoría de los atletas, en general gente sacrificada y poco pegada de sí misma, Martina de la Puente lo relativiza todo, empezando por su carrera deportiva. Por eso, con un realismo acentuado por el paso de los años, se siente plenamente satisfecha con su experiencia olímpica. Fue corta y floja en el aspecto puramente estadístico, pero poco más podía hacer la mejor lanzadora de peso de España en aquellos momentos. Ni siquiera estaba en condiciones de acercarse a sus marcas tras volcarse meses antes para lograr la clasificación.

Después de quedarse a sólo seis centímetros de la mínima para ir a Atlanta-96, Martina de la Puente puso todo su empeño en Sidney. Lo consiguió sin llegar a la mínima A (se había quedado a trece centímetros), ella supone que por la valoración global que la Federación Española hizo de su temporada. El apellido De la Puente entraba así, por cuarta vez, en el palmarés de la familia gijonesa, ya que su tío Juanón de la Puente había estado con la selección de balonmano en Moscú, Los Ángeles y Seúl.

Cuando Martina se subió al avión con el equipo español de atletismo, camino de Adelaida como paso previo a Sidney, la lanzadora ya sabía a lo que iba. «No tenía un nivel internacional para aspirar a algo importante en Australia», reconoce De la Puente, que expone el problema que tienen los deportistas «terrenales», como ella: «Salvo los superclases, que no tienen ningún problema, es muy difícil mantener durante dos meses el pico más alto de forma. Tuve que machacarme desde octubre de 1999 para llegar bien al comienzo del verano. A Sidney llegué en caída libre».

Diez días antes del señalado para su debut olímpico, Martina de la Puente supo hasta donde podía llegar: «Hicimos una competición en Adelaida y lancé sobre los 17.30. Con eso era imposible pasar la clasificación». Una previsión que se cumplió el 27 de septiembre, en el estadio olímpico de Sidney, con la fresca. «Empezamos muy pronto, a las 9 de la mañana, pero eso no me influyó porque estoy acostumbrada a levantarme pronto», rememora Martina sobre su gran momento.

«Más que nerviosa», añade, «estaba con el gusanillo de la competición, de hacerlo bien. Había mucha gente en el estadio, pero tampoco me afectó porque no era como competir en casa». Por tanto, De la Puente atribuye su serie (nulo, 16.30, nulo) a su estado de forma: «En el tercero arriesgué porque no tenía nada que perder. Ni siquiera con un metro más hubiese estado en la final. Para mí era un premio estar allí, en unos Juegos, porque sabía que había doce mejores que yo, que se iban a clasificar con dos metros más que el mejor mío».

Martina de la Puente abandonó el estadio pensando que cuatro años después, en Atenas, tendría una segunda oportunidad. Pero en 2004, después de superar una operación de hernia discal, buscó la mínima sin éxito: «Pedían 17.20 y llegué hasta 17.01. En 2005 sí lancé bastante, 17.65, pero el atletismo no son matemáticas puras». Con el tiempo, su balance es satisfactorio porque «cuando empiezas en este deporte sabes que los Juegos Olímpicos son lo máximo. Me puedo retirar a gusto del atletismo habiendo estado. Te das cuenta de lo importante que es cuando te llaman de todos los sitios, su repercusión mediática. Ser olímpico sí que vende».

También se resignó a perderse el desfile inaugural: «Estábamos a dos horas de Sidney en avión. Un par de fisios fueron por su cuenta, pero a los que teníamos que competir no nos convenía estar tantas horas de pie. Tuve que verlo por la tele, con cuatro o cinco compañeros». Sí disfrutó de la clausura, una ceremonia más distendida: «Hubo mucho cachondeo y nos sacamos bastantes fotos. Con Yao Ming, con Ian Thorpe y con deportistas africanos que llevaban sus trajes típicos».

Durante unos días, Martina de la Puente se sintió partícipe de esa gran ciudad para deportistas que es una villa olímpica: «Para mí fue algo especial. Fue una pasada estar allí con todo el mundo, con un comedor enorme abierto las 24 horas, sala de juegos, lavandería, de todo». Pese a estar allí siguió las competiciones por televisión, salvo alguna prueba de atletismo, como la que consagró a Cathy Freeman, la aborigen australiana que puso la nota emocionante de los Juegos.

Nueve años después de su protagonismo olímpico, Martina sigue interesada por cada edición de los Juegos, «sobre todo el atletismo, aunque cada vez menos porque queda poca gente de mi época». Su vida está en Valencia, donde apura su carrera deportiva con el Valencia Terra i Mar. Además de competir lleva las escuelas y también colabora con el centro de tecnificación de la federación valenciana.

Martina de la Puente Piñera

Nació en Gijón el 4 de abril de 1975. Empezó practicando el balonmano y el piragüismo, para pasar a los 12 años al atletismo. Campeona de España en 1995, 99, 2000 y 2001. Participó en Europeos, Mundiales y Juegos del Mediterráneo (octava en Bari-97, bronce en Túnez-2001 y cuarta en Almería-2005). En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 fue 23.ª. Actualmente reside en Valencia, donde entrena y compite con el Valencia Terra i Mar.