La Nueva España

José Antonio Suárez.  

El libro abierto de Pepete

 

José Antonio Suárez lleva más de medio siglo enseñando atletismo, la mayor parte, como entrenador de la Asociación Atlética Avilesina
 

Avilés, Mario D. BRAÑA

Está a punto de cumplir 78 años y ahí sigue, transmitiendo sus conocimientos y su amor por el deporte a los chavales. Pepete es un histórico del atletismo avilesino y asturiano, una persona que ha vivido desde los tiempos heroicos, cuando una tapa de alcantarilla podía servir a los lanzadores de disco, hasta la actualidad, en que las nuevas generaciones tienen muchos medios y bastante menos entusiasmo. Ya lleva más de medio siglo, la mayor parte, vinculado a la Asociación Atlética Avilesina, una institución a la que le dedicó tanto tiempo y esfuerzo que aún hoy su mujer se lo reprocha. Es el peaje de estar casada con Pepete, que cuando habla de atletismo es como un libro abierto.

José Antonio Suárez González (Cancienes, 5 de mayo de 1932) es «Pepete» desde muy joven, cuando empezó a destacar en el deporte. La calle era la única instalación de su pueblo para jugar al fútbol, al baloncesto o, simplemente, echar una carrera: «Podíamos jugar en la carretera sin problemas. Esperábamos a que pasara el coche del lechero y ya no teníamos que parar el partido». Canalizó después su afición de una manera más formal en Avilés, donde se fue para estudiar en el Instituto Carreño Miranda y ayudar a sus tíos en el negocio.

«Me levantaba a las dos de la mañana para echar una mano en la panadería. Durante el día me moría de sueño», recuerda, pero aún tenía fuerzas para dar rienda suelta a su gran afición: «Algún domingo corrí un cross por la mañana y jugué un partido de fútbol por la tarde». Al llegar a la veintena dejó el fútbol «porque no me veía. Jugaba de extremo y decían que era rápido, pero en los 100 metros nunca tuve buenas marcas. Lo que tenía era resistencia».

Así que encontró su sitio definitivo en el atletismo, del que formaba parte su círculo de amigos. Y no sólo como practicantes: «En 1948 íbamos hasta las redacciones de los periódicos para saber los resultados de los Juegos Olímpicos de Londres». Avilés ya contaba entonces con la pista de atletismo de La Exposición, «de las mejores de España», apunta Pepete, pero el día a día era muy precario: «Nos entrenábamos a nuestro aire, en un circuito que hacíamos en el parque. Para el lanzamiento de peso usábamos piedras. Y para el disco, ahora ya se puede contar, tapas de alcantarilla».

Pepete dio el salto de calidad cuando se puso en manos de dos entrenadores que también serían sus maestros: Ramón Granda en la Atlética Avilesina y Toso Muñiz en el Frente de Juventudes. Sus condiciones le dieron para ser campeón de Asturias del Frente de Juventudes en 800 y 1.500 metros, hasta que su vocación y las circunstancias personales le animaron a ejercer de entrenador.

Empezó a trabajar en Ensidesa en 1956 y dos años después ya adiestraba al equipo de atletismo de la empresa. Curiosamente, fue la única etapa de su carrera deportiva en la que en vez de perder dinero recibió alguna compensación: unas 500 pesetas (3 euros); pero también la del final de la inocencia sobre el diferente trato que recibe el atletismo respecto a otros deportes: «Nos echaron del campo de Santa Bárbara por el equipo de fútbol y teníamos que entrenar al lado del río».

Formó parte en 1960 de la primera promoción de entrenadores nacionales, un título que le permitió encauzar definitivamente su vocación. También ejerció de técnico, e incluso de árbitro, en el balonmano, y entrenó a equipos de voleibol, pero donde ganó fama y renombre fue con el atletismo. Siempre con la Asociación Atlética Avilesina, a la que ayudó a consolidarse como un club de referencia por el cuidado de la cantera y los resultados.

Por eso puede explicar, con conocimiento de causa, la evolución del atletismo y del deporte en general. «Antes teníamos que arreglar nosotros la pista, preparar los fosos para los saltos, y los chavales se duchaban con agua fría, pero siempre tuvimos mucha gente. Ahora, con todas las comodidades, cuesta más captar a los críos». Al menos, según Pepete, los que se deciden a dar el salto no dan mucho la lata y se someten a la disciplina del entrenador. «Soy demasiado blando», dice sobre su relación con los chavales.

De los cientos que han pasado por sus manos cita a Garrudo y García Pravia como los primeros talentos, y, más recientemente, a Alba García, Irene Alfonso e incluso Yago Lamela. Tres de los hijos de Pepete también hicieron sus pinitos, e incluso uno de ellos, Luis Suárez, fue en su momento el mejor atleta asturiano. «Yo no influí, pero un día se apuntó a "Mi primer cross", ganó y de premio le dieron un tren. Podría haber llegado lejos, pero al pasar a senior encontró un buen trabajo, se casó y dejó el atletismo». Nada que ver con su padre, que nunca se pudo imaginar lejos de las pistas. «Con el atletismo he perdido dinero, pero me ha compensado por lo que disfruté. ¿Cuánto me hubiese costado eso?».