Trevías, J. I. CASTAÑÓN
Los japoneses lo llaman «seppuku», pero los occidentales lo conocemos
por haraquiri. Ayer, en Trevías, Enedino García (Oriente Atletismo) se
hizo el haraquiri en presencia de sus paisanos. Y venció como los
samuráis o como aquellos pilotos que al mando de sus aviones lograban
esquivar los antiaéreos de los barcos americanos contra los que se
estrellaban en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. Enedino
García se había lesionado la misma semana en la que iba a competir en
Trevías, justo como el pasado año. Era baja de última hora, tal y como
aseguraban su entorno y él mismo, hasta que el código del honor salió a
su encuentro. El treviense había notado un pinchazo en el bíceps femoral
de su pierna izquierda que supuestamente le impedía competir con plenas
garantías en su pueblo. Nada de arriesgar y hielo, mucho hielo, pero
pedir a un samurái que no presente batalla dos años seguidos en su
sagrado territorio se podría interpretar como un acto de cobardía. El
pundonor ante todo, aunque te cueste ya la temporada invernal y digas
adiós al cross...
Enedino vendó su maltrecha pierna y, como valeroso guerrero que es, se
dispuso a luchar contra sus enemigos en el asfalto: léase Dioni
Martínez, Martín Álvarez y buena parte del Oviedo Atletismo. Plantearía
una estrategia suicida: ganar o morir. «Lo cierto es que me favoreció el
inicio de la carrera, que no fue muy rápido», señaló Enedino finalizada
la III Carrera «Ana Amelia Menéndez», que servía ayer como Campeonato de
Asturias de los 10 kilómetros en ruta. Y con un rival de cuidado,
valdesano también, y favorito al triunfo merced a sus últimas
actuaciones como Dioni Martínez en el grupo cabecero de la prueba. «La
carrera se rompió en el kilómetro 5, cuando nos fuimos Enedino y yo»,
rememoraba el atleta del Toscaf, un corredor que prepara Nayo Villanueva
y se maneja bien en asfalto. Y añadió: «Cuando llegamos al tramo final,
sabía que tenía poco que hacer frente a Enedino». Y es que Dioni valora
que la motivación es un factor esencial en el rendimiento deportivo y
que Enedino es más explosivo que él, pues no en balde el treviense fue
mediofondista en sus inicios.
Y así fue. Enedino cambió su ritmo en el tramo final y superó en los
últimos 500 metros a un Dioni Martínez que repetía segunda plaza, como
en Castrillón. Esta vez el triunfo se le escapó por tres míseros
segundos.
¿No se resintió Enedino? «Iba con dolores en la rodilla por el pinchazo,
pero quería ganar a toda costa aquí. Ahora se me ha agravado la lesión y
estaré un tiempo parado, pero el cross no estaba haciéndolo bien este
año, así que no me duele decirle adiós. A ver cuánto tardo en
recuperarme. Quizá meses», reconocía el vencedor.
Por su parte, Esther Álvarez (Feve Oviedo) también lucha por otro código
de honor: el de la limpieza en su trayectoria deportiva. En la
«Vigo-Bayona» daba un positivo que la Federación entendió fruto de una
negligencia y no de una mala fe de la fondista. Su sanción de tres meses
le costó un grave disgusto y ahora lucha de manera simbólica por
restituir su imagen, que algunos cuestionaron.
Esther no encontró rivales ayer en Trevías, donde tomaba la salida Rocío
Ríos, una popular más, que no quiso faltar a la cita valdesana, pero que
sólo aguantó media carrera. La superioridad de la lenense fue patente y
aventajó en 2 minutos a otra Esther, Rodríguez, y en tres a la gijonesa
Alba Quijano.
Javier Murujosa realizó una excelente carrera y fue el mejor veterano,
en tanto el mejor junior era Sergio Martínez. La prueba resultó exitosa
en lo organizativo, con 411 atletas absolutos en línea de meta.