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La Nueva España |
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Oviedo, Mario
D. BRAÑA
Teresa Nieto lleva toda su vida a la
carrera. Se puso el pantalón corto cuando el
deporte era casi un pecado en España para
las mujeres. Ahora, cuatro décadas después,
no apea el chándal. Su vida se mueve por dos
grandes pasiones, la familia y el atletismo,
y ahí sigue, volcada en su nietina y en otro
montón de guajes a los que intenta convencer
de las bondades del ejercicio físico. A sus
67 años se debate en una contradicción
irresoluble: está cansada de tanto trajín,
pero no puede pasar sin él.
María Teresa Nieto Cantora (Infiesto, 20 de
septiembre de 1942) llegó al deporte tarde,
con 17 años, y al mismo tiempo fue una de
las pioneras en Asturias. Era la época de la
Sección Femenina, de las trabas para las
mujeres en muchos aspectos. Viendo correr a
su novio, Paulino García, en la pista de El
Cristo, se decidió a romper moldes. Junto a
otra docena de chicas, algunas procedentes
de la gimnasia rítmica, se puso a las
órdenes de Manolo García, un histórico del
atletismo asturiano, en el CAU.
«En casa no tuve ningún problema porque mis
padres eran muy liberales», explica Nieto
como quitando importancia a aquellos
primeros pasos con tintes heroicos, cuando
ella y sus compañeras abrían brecha
deportiva en Asturias, «o al menos en
Oviedo», asegura. Lo de menos fue su primera
marca (14-1 en los 100 metros lisos) tras un
año de entrenamiento. Lo importante fue el
ejemplo para las siguientes generaciones y
sus propias experiencias: «La primera vez
que salí de Asturias fue para participar en
una carrera en Madrid».
Por mucho que le apasionase el atletismo,
Teresa Nieto siempre tuvo claras sus
prioridades. El nacimiento de su primer
hijo, con 22 años, abrió para ella un
paréntesis deportivo que duró hasta los 39.
Así que pasó directamente de novata a
veterana, pero esta vez para quedarse:
«Siempre fui muy disciplinada. Seguí una
planificación de los entrenamientos y de las
competiciones. Me centré en el 1.500, en el
5.000 y en la media maratón, en los que fui
campeona de España de veteranos. Y quedé
cuarta en el Campeonato del Mundo de
10.000».
Con 55 años, Nieto empezó a vivir el
atletismo desde otra perspectiva. Se dedicó
a enseñar a los niños en el Colegio Santo
Ángel, como monitora del Oviedo Atletismo, y
fundó su propio club, La Santina, en
principio para organizar pruebas. Desde 1997
La Santina se ha consolidado como referencia
del atletismo de base ovetense y asturiano.
En una época de crisis de vocaciones
atléticas, Teresa Nieto cuenta con 200 críos
en las escuelas deportivas, 25 más en el
Centro de Tecnificación Deportiva (CTD) y
otros 20 con ficha cadete.
Tras unos primeros años «muy difíciles»,
Teresa Nieto encontró la colaboración del
Ayuntamiento de Oviedo, decisiva para el
funcionamiento del club, aunque la
presidenta de La Santina nota el desgaste.
«Ya son muchos años y estoy un poco cansada.
Me gustaría dejarlo, pero tengo que
encontrar a la persona adecuada», explica
Nieto, que se pasa todo el día a la carrera,
y no precisamente para entrenarse. En época
de competición, el atletismo sólo le deja
libre el domingo por la tarde, que aprovecha
para disfrutar de su nieta.
Su mayor satisfacción es encontrarse a ex
discípulos que la recuerdan con cariño y
respeto: «Más que sean olímpicos o que
triunfen en el atletismo, para mí lo
importante es que se hayan formado en el
club como deportistas y personas». Reconoce
que también con ellos es «un poco abuela»,
aunque precisa: «Si me tengo que poner dura,
me pongo». En La Santina se exigen unas
normas de convivencia y compañerismo, para
lo que Teresa Nieto suele contar con la
complicidad de los padres: «Hay de todo,
pero algunos no pierden competición».